Podrías llamarlas metas o simplemente formas de cambiar la perspectiva un poco, pero de cualquier manera, si te haces estas simples preguntas regularmente, podrías lograr cambios muy positivos para ti y tu familia este año y los venideros.
Pregunta 1: ¿Cuál es el asunto?
Como diciendo: ¿qué es verdaderamente importante? Esta pregunta se trata de mirar el panorama completo, establecer prioridades y aprender a desprenderte de lo que no necesitas (a nivel físico y emocional) para poder enfocarte en lo más importante.
Ponlo en perspectiva.
Piensa en lo que incluye tu lista breve de cosas importantes —quizá sea tu salud o pasar tiempo con tu familia— y tenlo siempre presente. Entonces, antes de reaccionar ante una situación, pregúntate cuán importante es en relación con tu lista de cosas importantes.
Determina y simplifica.
Una vez que te hayas enfocado en lo importante, seguramente comenzarás a reconocer qué áreas causan constantemente mayor estrés y te impiden ocuparte de las cuestiones más relevantes. Partiendo de ahí, analiza un área a la vez y comienza a pensar en estrategias para eliminar o reducir este tipo de cosas.
Pregunta 2: ¿Qué hay en el interior?
Los ingredientes son importantes. ¿Servirías una torta hecha con huevos vencidos? Seguro que no. Pero ¿te preguntaste alguna vez si las compañías que fabrican los productos que compras tienen los mismos estándares? ¿Cómo puedes tener la certeza de que los productos que usas no son nocivos para tu casa, el medioambiente o tu familia?
Conoce qué buscar.
Cuando se trata de alimentos, la mayoría de nosotros ya sabe que debe prestar atención a la ingesta de sodio, azúcar y grasa. (¿Tú lo haces?) Pero ¿qué hay de los demás ingredientes, los que probablemente no reconoces?
Investiga.
Aparte de los alimentos (especialmente los procesados), también recomendamos estar alerta en el sector de cosméticos y limpiadores. Consulta la barra lateral "cómo saber más de lo hay en el interior", situada a la derecha de la página, para visitar algunos sitios que ofrecen información valiosa sobre cómo conocer mejor los productos que compras, cómo leer las etiquetas, etc.
Cómprales a compañías de confianza.
Otra buena idea es buscar compañías y marcas que compartan tus valores y conducta.
Para enterarte, comienza a prestar más atención a la manera en que las compañías se comunican. Observa sus anuncios en sus sitios web y en las noticias, y pregúntate cuál es su verdadero mensaje y si lo que hace esta compañía es bueno para ti, tu hogar y tu familia. ¿Por qué esta compañía es diferente de la competencia?
Pregunta 3: ¿Qué puedo hacer?
Todos alguna vez nos encontramos en situaciones en las que nos vendría bien una ayuda. Pero ¿con qué frecuencia alguien la ofrece? Si te lo preguntas, estarás en el camino correcto para hacer estos esfuerzos pequeños que pueden causar un gran efecto en los demás y hacer muy bien al espíritu de todos.
Reconoce tus capacidades.
Se comienza por estar siempre atento y al tanto de lo que pasa a tu alrededor. (Anímate, haz contacto visual). Y en lugar de esperar a que te pregunten o marcharte (después de todo, estás ocupado), pregúntate si esa persona necesita ayuda. ¿Tengo un minuto libre? ¿Puedo hacer algo?
Ponte en el lugar del otro.
Suena fácil, pero puede que se necesite un poco de práctica para comenzar a ver las situaciones desde la perspectiva del otro. Por ejemplo, imagina cómo te sentirías si fueras un cajero y tu caja registradora se congela, lo que impide que avance la fila. Ofrecer una sonrisa, una mirada de comprensión, podría mitigar enormemente la situación. Gestos pequeños de este tipo, como ofrecer indicaciones a alguien que parece estar perdido o mantener la puerta abierta para que pase otra persona, pueden causar un gran efecto en los demás.
Haz el bien y siéntete bien.
Una vez que comiences a incorporar gestos pequeños en ciertas situaciones, este tipo de consideración se hará más habitual. Y descubrirás que al salirte de tu vida estructurada para ayudar a un vecino o a un compañero que viaja al trabajo todos los días también te levantará el ánimo. Y, al final de cuentas, es probable que la buena obra te sea retribuida —quizá cuando más lo necesites—.